POR SUS HERIDAS FUIMOS SANADOS

Isaías 53:5
«Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.»
La sanidad no comienza mirando lo que está sucediendo en nuestro cuerpo, sino mirando lo que Cristo ya hizo por nosotros.
En la cruz, Jesús no solamente llevó nuestros pecados; también cargó con todo aquello que vino como consecuencia de la caída.
Él tomó nuestro lugar para darnos su paz, su justicia y su vida.
Por eso Pedro declara: «Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.»1 Pedro 2:24
Observa las palabras: «por cuya herida fuisteis sanados».
Nuestra confianza no descansa en lo que sentimos hoy, sino en lo que Cristo ya realizó.
Cuando enfrentes una enfermedad, no permitas que el temor tenga la última palabra. Vuelve tus ojos a Jesús.
Su obra terminada es más firme que tus síntomas, y su gracia es más grande que cualquier diagnóstico.
Hoy Cada vez que durante el día aparezca un pensamiento de temor, preocupación o enfermedad, detente por un momento y dirige tu atención al Señor.
En lugar de alimentar el miedo, repite lentamente: “Señor, mi confianza está en ti. Tú llevaste mis pecados y por tus heridas fui sanado. Descanso en tu obra terminada y recibo tu paz.
”Hazlo especialmente al despertar y antes de dormir. No se trata de repetir palabras como una fórmula, sino de recordarle a tu corazón dónde está puesta tu confianza.
Hoy no mires primero la enfermedad. Mira a Cristo.



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